lunes, 10 de agosto de 2026

EL JUEGO DE AJEDREZ



Quizá muchas veces nos cueste creer lo que nos está pasando y esto es algo natural, porque el ser humano es un misterio. 

Escucho con mucha frecuencia a personas preguntarse: ¿por qué me pasó o me está pasando esto a mí? Simplemente, porque le tocó pasar por esa situación. Pero el problema radica en que cuando estamos atravesando por una situación difícil, pensamos que el mundo se termina en ese momento y que no tenemos otra salida; sin darnos cuenta que la vida es un juego. Se tiene que pensar en las decisiones que se toman, desconfiar del primer impulso y estar consciente que cada paso dado, significa que no hay vuelta atrás.

Durante mucho tiempo me hacía esa misma pregunta, cuya respuesta la logré obtener después de muchos años, cuando me atreví a comparar la vida con el juego de ajedrez. El tablero no es precisamente convencional, los jugadores luchan sin igualdad de oportunidades y aunque hay cientos de fichas diferentes para cada jugador, algunas pueden jugar para varios jugadores simultáneamente, siendo cada una de ellas el rey en su propia partida. Pero, aquí hay que tenerle respeto al adversario: el tiempo. 

Es imposible vencerlo, y él lo sabe. Él tiene la capacidad de comenzar miles de partidas, mientras juega contra millones, y no hay un día que pierda un juego. Tiene un as, y no precisamente bajo la manga, sino justo al frente. Y, lo peor del caso es que no necesita esconderlo, lo muestra a plena luz del día sin remordimientos. Sabe que sus contrincantes únicamente pensaran en las fichas que tienen y en las que pierden, sin preguntarse por qué o cómo las han perdido. 

También, sabe que la mayoría de ellos no están conscientes de las partidas, no sabrán que están jugando y no moverán una pieza, simplemente dejarán que continúe la partida.

Solo somos una ficha en el tablero y comenzamos a jugar cuando nacemos.  Jugamos siendo el rey, el que tiene la responsabilidad de mover las piezas, de arriesgarse y sacrificar de ser posible todas las fichas en post de aguantar con toda la prudencia posible, una partida que nunca podrá ganar contra un jugador que no conoce la derrota. 

Comenzamos el juego con un número de fichas, nuestra familia. Estas por lo general suelen ser de las mejores fichas que podamos tener a lo largo del juego, de las que no queremos perder nunca. Y así, mientras avanza el juego vamos ganando fichas y perdiendo otras. Cada persona que conozcamos se va sumando al juego e influirá de una forma u otra en el tablero. En este tablero no es solo mover las piezas, sino tener la valentía de saber que habrá momentos en los cuales nuestra decisión no fue la más acertada y eso nos afectará de una u otra manera.

A lo largo de la partida iremos moviendo las piezas, realizando cada jugada creyendo que es el mejor movimiento, pero habrá momentos que, seremos incapaces de mover una ficha. También, habrá momentos en los que tengamos que sacrificar una o varias de nuestras fichas. No es fácil hacer eso, lo sé por experiencia, pero a veces cuando una ficha nos esté impidiendo avanzar, lo mejor es deshacernos de ella y desecharla sin flaquear y concentrarnos en que el tiempo no perdona.

Pensar que esa es la única ficha a la cual prestarle atención, es una pérdida de energía, porque siempre aparecerán otras nuevas y no podemos perder la concentración en la partida, porque por mucho que se complique la jugada, por muchas piezas que perdamos o sacrifiquemos, hasta que el tiempo no haga su jaque mate, nuestra partida continuará con nosotros, y con ella nuestra capacidad de decidir.

El tablero está listo, las piezas están justo donde deben estar y cada día tendremos la oportunidad de decidir que piezas mover, tomando en consideración las estrategias que la jugada anterior nos enseñó. Sigamos jugando hasta que el tiempo nos diga: jaque mate. 


martes, 28 de julio de 2026

LA VIDA ES UNA OBRA DE TEATRO



Hemos escuchado que la vida es como una obra de teatro y que metáfora más asertiva. Cuando comienzo a recorrer mi historia paseándome por todas las etapas, siempre me detengo a reflexionar sobre lo que he vivido. 

Cada época con sus luces y sombras, me han formado, me han liberado y me han arrastrado a situaciones nada agradables. Sin embargo, cada una tiene su encanto, porque mi historia la escribo yo, no mis circunstancias. Nacemos con un libro entre las manos que, sus primeras páginas las escriben nuestros padres y justo comienza con el nombre de la obra en la portada: Norys Zerpa

He interpretado muchos papeles y cada uno me ha dejado un aprendizaje, no recuerdo el momento exacto en que di mis primeros pasos, ni guardo en mi memoria la fecha exacta en que pronuncié “mamá” o “papa” por primera vez. Esas primeras líneas las escribieron otros por mí en la bitácora de mi infancia.

Sin embargo, cuando la luz del escenario empezó a iluminarme con más fuerza, mi memoria cobró vida: recordé con claridad mi etapa del colegio, con todas sus locuras, los recreos interminables, la frescolita con pan y los primeros descubrimientos.

Con el tiempo comprendí que, nadie protagoniza su propia historia en un escenario vacío.  Esto hizo posible que poco a poco mi libro se fuera llenando de nombres, rostros y voces. En cada encuentro con familiares y amigos descubrí que cada persona que se cruzaba en mi camino venía con su propio guion, su propia trama y sus propias batallas. Ninguno estaba allí por casualidad, porque todos tenían un papel fundamental en mi obra de teatro. A pesar de que algunos ya no forman parte del elenco, fueron piezas claves para cambiar el guion y adaptarlo a los nuevos personajes. 

Por eso, en esencia, la vida es una monumental obra de teatro y para que el montaje llegue con éxito al escenario, se necesita mucho más que un actor principal.

Se requiere un elenco diverso: esas personas que entran a nuestra vida para hacernos reír, para ser cómplices, para desafiarnos o para enseñarnos lecciones amargas, pero necesarias. Además, del elenco, también necesitamos guionistas implícitos: nuestras experiencias, decisiones y giros inesperados del destino, que nos sirven para seguir trazando la ruta de la trama. 

También, un director que, desde la intuición o la fe, nos indique cuándo es el momento de hacer una pausa, cuándo cambiar el tomo, cuándo poner límites y cuándo avanzar con valentía. Y, esto no es todo, necesitamos un elenco especial, ese que está detrás del telón: los abrazos silenciosos, el apoyo de la familia, el lo estás haciendo bien, las palabras de aliento que nadie más escucha, pero que nos dan la fuerza para seguir cada día.

Además, no olvidemos que, muchas veces la función nos exige improvisar y otras veces el guion da un giro drástico que nos deja sin aliento. 

Por eso, tendremos escenas de comedia, momentos de profundo drama y actos donde sintamos que olvidamos la letra, pero lo grandioso de esta obra es que, sin importar cuán difícil sea la escena actual, la función debe continuar. 

Hoy cuando me detengo a mirar el escenario de mi vida, honro a cada personaje que ha pisado mis tablas, a los que siguen en primera fila y a los que cumplieron su papel y salieron de escena. Mi libro ya no está en blanco, pero aún le quedan muchas páginas por redactar.

La obra sigue en marcha, la escenografía está lista y los focos están encendidos. Me toca a mí —nos toca a todos— salir al escenario con el alma entera y dar la mejor interpretación posible de nuestra propia historia.

Ahora, todos al escenario con la mejor actitud. 



jueves, 23 de abril de 2026

El MIEDO

Escribir sobre el miedo no es lo mismo que haberlo sentido de verdad, cuando el aire te falta y el ruido de afuera te estremece. Durante mucho tiempo, yo misma estuve atrapada en una realidad que me asfixiaba, escondiendo mis lesiones detrás de títulos y una fachada de control, mientras por dentro el pánico dictaba cada uno de mis pasos. 

El miedo no es una emoción que se quita pensando positivo, es una presencia física que se te mete en los huesos y te hace creer que no tienes salida. Mi historia de vida fue mi primer laboratorio; antes de que mi libro sobre el miedo existiera, tuve que ser mi propio testimonio de supervivencia. Entendí que la honestidad conmigo misma era la única llave para abrir esa celda, reconociendo que no podía seguir esperando un milagro si no estaba dispuesta a mirar de frente mis propias sombras y aceptar que estaba paralizada.

Este método que hoy te comparto, el método ANOR, no nació de la comodidad de mi casa, ni la de la oficina, sino de la necesidad urgente de recuperar mi dignidad. No te hablo desde la teoría, te hablo desde la herida, porque para enseñarte a aceptar, nombrar, ocuparse y retar tus temores, tuve que aplicarlo primero para salvarme a mí misma y proteger lo que más amo. 

Aprendí que ocuparse del miedo requiere la valentía de formarse, de buscar herramientas para dejar de ser una víctima de las circunstancias. No se trata de borrar el miedo de tu mapa, sino de aprender a usar esa misma energía para desafiar el destino que otros escribieron para ti. Hoy sé que el miedo es un gran maestro cuando dejas de huir de él y decides, por fin, convertirte en la única dueña de tu propia historia.

Por eso, es importante decodificar el mensaje que nos trae el miedo. Es impresionante sentir cómo reacciona el cuerpo antes de que la mente entienda que tienes miedo, porque el cuerpo es el primero en dar la alarma. Así que, no intentes callarlo, intenta entender qué te quiere decir.

Aquí te comparto con toda honestidad el Método que, sin conocerlo, me ayudó a sobrevivir. 

El Método ANOR:

Considera este método como tu hoja de ruta y préstale atención al miedo. 

  • Aceptar: Deja de pelear con lo que sientes. Admitir que tienes miedo es el primer paso para que deje de controlarte.
  • Nombrar: Dale una identidad. ¿Es miedo al juicio, al fracaso o a la pérdida? Ponerle nombre lo hace más pequeño, además, visible.
  • Ocuparse: No basta con querer cambiar; hay que buscar herramientas que te ayuden a saber cómo hacerlo.
  • Retar: El paso final. Es pasar a la acción. Es demostrarte que, aunque el miedo esté ahí, tú tienes el mando.

El miedo, siempre nos quiere en el papel de víctima y está en nosotros ver si le damos ese gusto o si decidimos qué hacer con él. Al principio todo parece estar mal, pero cuando aceptas que tienes miedo y le llamas por su nombre, el miedo se convierte en un conocido. Así como cuando te presentan a una persona que no sabías su nombre y a los pocos días ya son amigos, esto mismo pasa con el miedo. 

Hasta que no profundices que el miedo es una emoción natural que tiene su función adaptativa, quedarás estancado, estancada en el mismo sitio. Por lo tanto, ocuparte del miedo, es tomar la responsabilidad de tu propia paz. 

Este método es distinto a los demás, no porque sea mágico, sino porque está basado en mi experiencia de vida, lo que lo hace único. Solo quiero que sepas que el miedo siempre te va a acompañar, pero lo importante es que aprendas a enfrentarlo las veces que sea necesario. El control del volante lo tienes tú, no el miedo, así que tú decides si le sedes el asiento o lo dejas como copiloto. Este es un libro de autoayuda, que no tiene la verdad absoluta, pero si te brinda herramientas poderosas que te ayudarán a manejar de una maneja más fácil esa emoción tan “maravillosa” que es el miedo.

El miedo: Método ANOR para afrontarlo, está disponible en Amazon, versión impresa y digital. 


sábado, 11 de abril de 2026

EL COSTO DEL PERSONAJE

 



En el ámbito de la gestión humana y el liderazgo, solemos hablar de la "coherencia" como una virtud ética, pero rara vez la analizamos como lo que realmente es: una estrategia de sostenibilidad emocional. Existe un desgaste silencioso que no figura en los manuales de productividad: el agotamiento por sostener una fachada.

Durante mucho tiempo, mi actuación más exigente no ocurrió en una sala de juntas, sino en la privacidad de mi hogar. Perfeccioné el papel de la esposa que proyectaba que todo estaba bajo control, mientras lidiaba con una realidad interna que se caía a pedazos. Me convertí en una experta en aparentar, hasta que la distancia entre esa imagen pública y mi verdad privada se volvió un abismo insalvable.

En psicología, Leon Festinger acuñó el término Disonancia Cognitiva para describir la tensión interna que surge cuando nuestras acciones no coinciden con nuestras convicciones o sentimientos. Vivir así es una forma de asfixia lenta. Sostener la versión de que "todo está bien" consume más recursos cognitivos que enfrentar el conflicto mismo.

Desde la neurociencia, el cerebro gasta una cantidad ingente de energía tratando de ocultar la realidad para mantener el estatus social o familiar. Esta falta de coherencia es un pésimo negocio; es una fuga de capital emocional que nos deja en bancarrota antes de que nos demos cuenta. No hay éxito que compense el vivir como una extraña en nuestra propia casa.

Construimos personajes para sobrevivir, para evitar el juicio o por miedo a la soledad. Sin embargo, como advirtió Carl Jung: "Lo que niegas te somete". Al protagonizar a esa mujer que no se quejaba y que todo lo justificaba, le entregué mi mando a las expectativas ajenas.

A menudo, en mis conferencias y a mis alumnos, les repito una premisa: "Hazlo, aunque tengas miedo". Pero hoy, habiendo caminado por ese túnel, la instrucción es más precisa: hazlo, pero asegúrate de que sea tu verdad la que camina y no una máscara diseñada para ser aceptada. La verdadera liberación no ocurrió cuando las situaciones difíciles desaparecieron, sino cuando decidí dejar de actuar. Sostener la versión de que "todo está bien" consume más recursos cognitivos y capital emocional que enfrentar la crisis misma.

Para recuperar mi estructura, tuve que aplicar de forma instintiva lo que más tarde se convertiría en mi metodología de trabajo. No fue un concepto romántico, fue una ingeniería de supervivencia en la mesa de mi comedor. Lo que hoy enseño como un sistema de cuatro pasos para gestionar el miedo, fue primero el mapa que me permitió salir de mi propio encierro emocional:

  • Aceptar y Nombrar (Honestidad Radical): El primer paso técnico fue dejar de validar el "estoy bien" como respuesta automática. Tuve que ponerle nombre a la fractura para que dejara de ser un monstruo invisible. La coherencia empieza por reconocer el punto de partida real, sin filtros de conveniencia.
  • Ocuparse (Alineación de Valores): Entender que la integridad, como dice Brené Brown, es elegir el coraje sobre la comodidad. Fue más valiente ser real que seguir fingiendo para mantener el statu quo. Al ocuparme de mi verdad, el caos empezó a ordenarse.
  • Retar (Límites Claros): El "No" fue el primer ladrillo que puse para reconstruir mi territorio. Poner límites no fue un acto de agresión, sino la acción necesaria para proteger mi estructura interna y recuperar el mando.

Recuperar la coherencia es el acto de liderazgo más valiente que existe. Es decidir que el "afuera" sea un reflejo fiel del "adentro". Este proceso no se basa en teorías de manual; fue la experiencia cruda de aplicar mi propio método antes de entregarlo al mundo en forma de libro lo que me dio la autoridad para hablar de ello.

Cuando lo que piensas, dices y haces operan bajo una misma dirección, dejas de ser una sombra en tu propia historia para convertirte, finalmente, en la dueña de tu presencia.



Jung, C. G. (1961). Recuerdos, sueños, pensamientos.

Brown, B. (2012). El poder de la vulnerabilidad.

Festinger, L. (1957). Teoría de la Disonancia Cognitiva.

viernes, 10 de abril de 2026

EL SILENCIO QUE DEVORA

 


SALUD MENTAL Y LA URGENCIA DE HABITARSE

El suicidio no es una decisión que nace de la nada; es el resultado de un proceso de erosión interna donde la esperanza se agota. A pesar de los avances, seguimos fallando en lo más básico: la gestión de nuestro mundo interior. La depresión es una enfermedad silenciosa que no distingue estratos sociales ni títulos; es una desconexión profunda que requiere atención inmediata.

La Depresión: Más allá del desánimo

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es la principal causa mundial de discapacidad. No es una "tristeza" pasajera, sino una alteración que afecta la voluntad y la percepción. El psiquiatra Viktor Frankl, en su análisis sobre la existencia, explicaba que el ser humano puede soportar casi cualquier "cómo" si tiene un "porqué". El problema de la salud mental actual es que el vacío existencial y la pérdida de sentido están ganando la batalla.

El Miedo como Prisión: El Método de Norys Zerpa

En el abordaje de estas tragedias, el miedo juega un papel determinante. No siempre es miedo a la muerte; muchas veces es un miedo atroz a la vida, al juicio o a la propia incapacidad de sostenerse. En mi libro "El Miedo", planteo que esta emoción, cuando no se gestiona, se convierte en un ruido que impide ver salidas. Para romper esta parálisis, propongo el Método ANOR, un proceso diseñado para recuperar la soberanía personal a través de cuatro etapas conscientes:

  1. Aceptar: Dejar de luchar contra la emoción. Reconocer que el miedo está presente es el primer paso para que deje de ser un enemigo invisible.
  2. Nombrar: Darle una identidad clara. Al ponerle nombre a lo que nos asusta, le quitamos el poder de lo desconocido y lo convertimos en algo que podemos observar.
  3. Ocuparse: Pasar de la preocupación pasiva a la acción responsable. Es preguntarse: "¿Qué puedo hacer hoy con esto que siento?".
  4. Retar: Desafiar la narrativa del miedo. Es el acto de valentía de actuar a pesar de la duda, demostrándonos que la amenaza no es tan grande como nuestra capacidad de respuesta.

Sin embargo, la efectividad de este método no depende solo de la técnica, sino del terreno donde se aplica; es aquí donde la gestión del miedo se encuentra de frente con la estructura de la autoestima.

La Autoestima: El terreno donde el miedo pierde fuerza

Esta conexión es indisoluble: el miedo encuentra su terreno más fértil allí donde la autoestima está fracturada. No se puede retar un miedo de forma sostenible si antes no hemos reconstruido el respeto por nosotros mismos. Como señalaba Nathaniel Branden, la autoestima es el sistema inmunitario de la psique; si la estructura del "Yo" está debilitada, cualquier ráfaga de miedo se convierte en una tormenta capaz de derrumbar nuestra estabilidad emocional.

Ahora bien, cuando esta vulnerabilidad interna se encuentra con un entorno desfavorable, se configuran los escenarios de riesgo que pueden alterar drásticamente el comportamiento humano.

Factores que influyen en el comportamiento y el riesgo

La ciencia clínica identifica que el comportamiento suicida no surge de una sola causa, sino de una combinación de factores que se potencian entre sí cuando la persona carece de herramientas de gestión. El sociólogo Zygmunt Bauman advertía sobre la fragilidad de los vínculos en la modernidad; si no tenemos una raíz interna fuerte y el entorno es de aislamiento, el individuo queda a la deriva. A esto se suman factores biológicos (desequilibrios químicos) y sociales que pueden acelerar la crisis si no hay una intervención a tiempo.

Llamado a la Conciencia

Es momento de dejar de ver la salud mental como un tema de folletos informativos y empezar a verla como una prioridad de supervivencia. No necesitamos más mensajes de optimismo vacío, necesitamos herramientas reales para transitar el dolor.

Trabajar en la salud mental significa dejar de ser espectadores de nuestro sufrimiento y empezar a hacernos cargo de nuestra propia estructura emocional. La prevención comienza cuando validamos que el dolor del otro es real y cuando nos atrevemos a hablar de lo que nos asusta sin filtros.

Tu historia no ha terminado. Si el miedo hoy parece un gigante invencible, recuerda que la salida empieza por reconocer que el territorio de tu mente te pertenece. Pedir ayuda no es una rendición, es la estrategia más inteligente para no desaparecer en la sombra.


Documentación de referencia:

OMS: Informes sobre el impacto global de la depresión y prevención del suicidio.

Viktor Frankl: "El hombre en busca de sentido".

Norys Zerpa: "El Miedo" (Metodología ANOR).

Nathaniel Branden: "Los seis pilares de la autoestima".

Zygmunt Bauman: "Modernidad Líquida".


miércoles, 8 de abril de 2026

LA TRAMPA DE LA COMPETENCIA DE HERIDAS

 


¿Alguna vez has sentido que, en ciertas conversaciones, el dolor parece una competencia? 

Muchas veces pensamos que tener una historia más difícil es un trofeo invisible que te otorga un permiso especial para no avanzar, para quedarte estancado o para exigir una atención que el presente no te daría de otra forma.

Pasa más de lo que creemos. Alguien se atreve a contar un problema y, casi de inmediato, otra persona responde: “¡Eso no es nada, a mí me pasó algo peor!”. Competimos con la cantidad de zapatos que tenemos, con los logros profesionales y, tristemente, también con nuestras heridas más profundas.

Actualmente, este fenómeno parece estar de moda. Lo vemos constantemente en los medios,  y en las redes sociales: figuras públicas y "famosos" que sacan a relucir su historia triste a cada rato. Pareciera que, para ser "alguien" o para validar un éxito, primero hay que demostrar cuánto se ha sufrido, algunas veces solo para sacarle provecho al drama o generar una falsa conexión basada en la lástima. 

Tanto es así que, drama personal ha dejado de ser algo privado para convertirse en un producto de consumo y los medios lo explotan porque el morbo y la lástima generan audiencia (rating o likes). Y, al verlo "constantemente", el público empieza a creer que la única forma de ser valioso o "profundo" es teniendo una historia triste o de dolor que contar.

Aquí te comparto dos ejemplos:

1.- El ejemplo de la "Vitrina de la Víctima": Es ese perfil que repite el mismo trauma de hace diez años en cada entrevista o post. No lo cuenta para ofrecer una solución, sino para justificar un comportamiento actual o para obtener un beneficio secundario (atención, clics, ventas). Eso no es sanar, es convertir una herida en una marca comercial. Cuando usas tu dolor como medalla para sobresalir, te quedas atrapado en el pasado y dejas de ser el protagonista de tu hoy.

Por otro lado, existe una orilla muy distinta. Hay quienes cuentan su historia no para dar lástima ni para ganar una discusión de quién sufrió más, sino para dar testimonio.

2.- El ejemplo del "Mapa del Maestro": Son personas que pasaron por el fuego y hoy usan esas cenizas para iluminar el camino de otros. Mencionan su pasado solo cuando su experiencia puede servirle de guía a alguien que está perdido en ese mismo túnel. No andan gritando su tragedia para que les perdonen sus fallas; la usan como una herramienta de servicio. Eso no es victimismo; eso es haber transformado el dolor en maestría.

Tu historia es un punto de partida, no una residencia, así que mucho cuidado de quedarte enganchado en tu historia dolorosa y usarla para "ser más que el otro", porque es una trampa mortal para tu crecimiento. El dolor no es una competencia; es una señal de que algo necesita atención. Si decides usarlo como una medalla al mérito, corres el riesgo de convertirte en un espectador de tu propia tragedia.

Por eso, es importante reconocer que tu historia es el lugar de dónde vienes, pero bajo ninguna circunstancia debe ser el lugar donde elijas vivir para siempre. Honrar tu pasado no significa repetirlo en cada conversación como un guion de cine; honrarlo es reconocer tu capacidad de superarte y dejar que esa herida, ya sanada, sirva de mapa para otros.

Hoy te invito a soltar la competencia de quién sufrió más. Deja de validar tu existencia a través de lo que te hirió y empieza a validarla a través de lo que estás construyendo ahora. Al final del día, a la vida no le importa quién tuvo el camino más difícil, sino quién decidió seguir caminando a pesar de las piedras.

Tú, tienes tu propia historia. Yo, tengo mi propia historia.